¿Cómo logras que el protagonista encaje con tanta naturalidad en cada escena?
«Yo lo veo al revés. En un libro personalizado, el peque es el protagonista, así que la historia y las ilustraciones tienen que girar en torno a él o ella.
Cuando hago los bocetos del libro, dibujo un solo peque en cada página. Y casi siempre es el mismo, Henry, de nuestro primerísimo libro, El árbol, la llave y yo. ¡Se ha convertido en mi dibujo comodín para casi todo!
Solo cuando Henry ha recorrido todo el libro y todo encaja, la composición, la acción y cómo se integra en cada escena, empiezo con las ilustraciones finales. Lo más importante es que, cuando cambiamos a Henry por cualquiera de nuestros personajes personalizables, ese peque también se sienta como en casa en las ilustraciones. Tiene que parecer que siempre ha estado justo ahí.»
¿Qué cambia cuando ilustras un libro de Navidad?
«La verdad es que no abordo un libro de Navidad de forma muy distinta a cualquier otro. La historia y los personajes siguen siendo lo primero. Eso sí, la Navidad te da algunas cosas extra con las que jugar, como nieve, lucecitas brillantes, detalles acogedores y un poquito más de magia, ¡algo que un ilustrador siempre agradece!»
Si antes de comprarlo solo se pudiera ver una página, ¿cuál debería ser?
«Buena pregunta. Supongo que la respuesta obvia sería la doble página favorita del ilustrador, pero esa no tiene por qué ser la que despierte curiosidad. Yo elegiría la escena en la que el peque sale por el otro lado del árbol y llega al bosque helado, donde lo reciben los animales desesperados. Tenía que transmitir alegría y tristeza a la vez, la magia del reencuentro y también la sensación de que algo va muy mal.